DÍA 122: Aterrizando en Katmandú.

DÍA 122: Aterrizando en Katmandú.

 

Dice el diccionario de la RAE que algo desordenado y confuso es caótico. Pues quizá el mejor término para definir Katmandú es CAOS. Un caos que se hace visible en cuanto llegas a su modesto aeropuerto y tienes que lidiar con otras 100 personas que acaban de llegar también para completar el formulario de entrada para el visado en las únicas tres máquinas para tal efecto, después de haberlo tenido que rellenar previamente en papel.

KATMANDU

El caos continúa cuando has de pasar por la zona de recogida de equipaje donde centenares de mochilas, maletas y cajas enormes esperan tiradas en el suelo entre medio de gente que busca la suya para continuar con otro caos a la salida de la terminal donde los taxis, tuc tuc y conductores varios se agolpan a la caza del turista desprevenido o prevenido.

Es aquí cuando definitivamente te das cuenta de que estás en un lugar con una manera de pensar tan diferente a la occidental que asumes que te la van a intentar meter doblada por todos los medios posibles cueste lo que cueste por mucho que te rompas la cabeza pensando por qué lo hacen de esta manera.

Conocedores del caótico proceso para pedir un taxi, regateo, agobio, etc. Nosotros optamos directamente por un taxi pre-pago convencidos de que nos ahorraríamos toda esa batalla psicológica en la que siempre, por barato que te pueda parecer, ganan ellos. Y en un taxi pre.pago también ganan ellos.

Cuando el taxi iba a lo loco por las polvorientas calles de Katmandú, mientras una tercera persona que nos acompañaba aún sin saber el motivo preguntando cuáles eran nuestros planes para nuestra estancia en Nepal, un sentimiento de tristeza y desconcierto rondó mi cabeza y por un momento me hizo pensar: ¿Qué estamos haciendo aquí?.

KATMANDU

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Gente tirada en el suelo durmiendo, gente con ropas desvencijadas y sucias, un gran número perros callejeros, suciedad y alguna vaca en mitad de la calle iban pasando a través de la ventanilla como una película y aumentando la estupefacción. No es fácil llegar a Nepal por primera vez, al menos en nuestro caso, tu cabeza ha de tomarse tiempo para asimilar todas las cosas que ves, todo el ruido ensordecedor que te llega y el agobio al que eres sometido por algunos taxistas, comerciantes, rikshaws…

En medio de todo este asalto a los sentidos llegamos a no sé donde y el acompañante del conductor nos dijo que el hotel estaba ‘’justo aquí al lado’’ pero sólo nos dijo que antes pasaríamos por una agencia de viajes cuando ya estábamos en la puerta. Esta es una de las tácticas que se utilizan en Nepal para llevar al huerto al turista. Otras son ofrecerse como guía desinteresado, chapurrear cuatro palabras en tu idioma o querer practicar inglés contigo, pero con todas acabas en una tienda o pidiéndote dinero.

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Sin haber puesto un pie en la agencia volvimos al taxi, con el consiguiente cabreo y malas caras, al que ahora ya no le hacía tanta gracia llevarnos al Hostel por no estar tan cerca como nos había dicho.

Ya en la ‘seguridad’ que te ofrece el que va a ser tu hogar por unos días no queda otra que adaptarse al nuevo medio en el que estamos. Hemos pasado ya por cuatro países con culturas distintas, ¿qué puede salir mal aquí?

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Nada representa mejor el caos de la ciudad como su tendido eléctrico.

 

Katmandú, octubre 2018.
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