DÍA 30: Descubriendo Ulán Bator

DÍA 30: Descubriendo Ulán Bator

Ha pasado tres días desde que llegamos a Ulaanbaatar o en castellano Ulán Bator, la capital de Mongolia, en el Transmongoliano procedentes de Irkutsk. Tres días en los que ya nos hemos habituado a los nuevos rostros asiáticos y nos ha dado tiempo de formarnos una idea, quizá algo diferente de lo que hasta ahora imaginábamos o nos había llegado.

retratos en Sukhbaatar

centro comercial

Había escuchado que Ulán Bator era una ciudad de paso, fea y sin ningún atractivo a la que la gente iba únicamente para tramitar el visado chino en su viaje en el transmongoliano y como base para expediciones a otros puntos del país a través de tours. Para ser sinceros, no ganaría un premio a la belleza, sus aceras piden a gritos una puesta a punto, lo mismo que muchas fachadas de sus viejos edificios de estilo socialista, cuando llueve, y en verano lo hace fuerte y con frecuencia, la ciudad se vuelve impracticable con las calles inundadas, y los atascos están a la orden del día, haciendo que la calidad del aire sea pésima, los conductores no conocen la paciencia ni las normas de conducción,  lo que hace que cruzar la calle aquí sea una aventura, y durante todo el día las bocinas de los coches y los choques son una constante, por no hablar de los escupitajos…

trafico desde la ventanilla de un autobús

Ulán Bator no es una ciudad pequeña, casi un millón y medio de almas viven en su caótica área metropolitana, lo que se traduce en un tercio de la población total del país, que todo hay que decirlo es el menos densamente poblado del mundo. El resto de la población vive esparcida a lo largo de su territorio en otras pequeñas ciudades o siguiendo la tradición nómada. Esa forma de vida en gers y con rebaños de camellos, de ovejas, cabras, vacas o caballos que muchos viajeros queremos vivir pero a los que sólo se accede por medio de tours, en los parece que hay vía libre para abusar del turismo con unos precios altísimos, en comparación a los de la vida diaria del país, que no bajan los más baratos de 50$ por día y persona, y en sus museos los pluses por fotografiar rozan descaradamente la vergüenza, llegando a cobrar en alguno 10€ por tomar fotografías, 26€ por fotografía profesional y 100€ por grabación de imágen profesional, a parte del precio de la entrada.

A pesar de esto y del imprevisto con la tramitación del visado chino, que nos obliga a replanificar la ruta,  Ulan Bator también esconde algunas sorpresas, como por ejemplo los monasterios que han sido para nosotros el primer contacto puro y duro con el budismo, con sus ceremonias, sus normas, sus colores y olores.

Y ha sido el monasterio de Gandantegchinlin o simplemente Gandan,  uno de los pocos que escapó de la destrucción llevada a cabo por Stalin y los suyos, el que nos ha introducido de lleno en un mundo totalmente desconocido, un choque cultural en esta ciudad a primera vista occidentalizada, en el que nos hemos sentido observados y en ocasiones hasta intimidados por algún feligres que no quería que estuviéramos sacando fotografías cuando incluso los locales lo hacían en los exteriores de los templos. Con todo hemos podido disfrutar de los cánticos, tambores y ritos de los monjes que aún hoy viven en este monasterio del siglo XIX.

Entada al monasterio de Gandan

También hay muestras de modernidad sobre todo en su arquitectura más reciente, edificios acristalados que se levantan hacia el cielo como las torres Blue Sky o la Shangri-la que dan al centro de la ciudad un toque a “city” londinense, pegadas a antiquísimos templos y a casas de madera que mucho me temo sucumbirán a la especulación.  Aquí el pasado se mezcla con el presente y con el futuro de  juventud que está al tanto de las modas occidentales y conectada a los smartphones todo el día, y es común que los niños saluden a los turistas con un “hello, how are you?”.

ulan bator edificios

edificios centro ulan bator

entretenimiento en la plaza del parlamento

atardecer

Pero la aventura de verdad está fuera de Ulán Bator y si se quiere explorar hay que pasar por el aro de los tours y tocará buscar las diferentes opciones. Mucho me temo que, entre esto y la locura del visado chino, Ulan Bator se va a convertir en algo más que una ciudad de paso.

De  momento el festival Naadam, que expresamente hemos hecho coincidir con nuestra estancia aquí, se aproxima  y hay que hacer todo lo posible para vivirlo en vivo. ¿Quedarán entradas libres? ¿Acompañará el tiempo?

parlamento de Mongolia

 

Desde Mongolia, el país nómada.
Julio 2018
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